
Alejandro Serrano Caldera y su obra filosófica
(El 27 de enero del 2010, el Dr. Serrano Caldera presentó en Managua el segundo volumen de sus Obras)
Alejandro Serrano Caldera es considerado nuestro primer filósofo por su constancia, por su lucidez y por la calidad y el rigor de su hermenéutica. La meridiana claridad de su discurso, la variedad y a la vez la coherencia y unidad de los temas que durante su arduo y extenso desempeño intelectual ha desarrollado, adquieren a la larga una consanguinidad o parentela cognoscitiva impresionante.
La razón y sus eternos adversarios, así como sus complementos; los dilemas del hombre, o del ser, ante la naturaleza, la sociedad y la historia; la búsqueda de sentido a la idea de identidad (humana, latinoamericana o nacional), el papel de la universidad en el desarrollo social de la nación; la filosofía y la política; las contradicciones entre la idea y la praxis o las disfunciones entre lo ideado o normado y la realidad cotidiana de nuestra práctica política, social y económica; son asuntos que nunca han dejado de redundar a lo largo de su extensa obra escrita.
Filósofo humanista, jurista y analista político, el Dr. Serrano Caldera ha logrado estructurar una obra vastísima que lo convierte, con todo derecho, en el principal pensador de Nicaragua y en el más minucioso sistematizador de su funcionamiento político-social, así como en uno de los más destacados intérpretes de la identidad y del destino de América Latina.
Con el apoyo del Consejo Nacional de Universidades, la editorial Hispamer inició no hace mucho la publicación ordenada de toda su Obra, que como se podrá suponer es voluminosa. En el año 2008 fue publicado un primer volumen, y a finales del 2009 fue publicado un segundo tomo.
En la primera parte, o en el volumen uno de sus Obras, el Dr. Serrano aborda, entre otros, los grandes temas filosóficos y políticos, pero fundamentalmente concentrado en lo que podríamos llamar la pre-modernidad.
Las grandes preguntas del ser, formuladas por los filósofos pre-socráticos, la pregunta fundamental de Sócrates sobre el ser, hasta llegar a las incertidumbres del mundo contemporáneo, eran los temas en que se concentraba al final de ese primer tomo.
Ahora, en la primera mitad de este segundo volumen de sus Obras, Serrano ofrece una continuidad de sus escritos filosóficos y políticos, junto a otros temas no menos importantes como la ética, el arte y el papel de la universidad en nuestras sociedades…
-Situándonos desde una perspectiva latinoamericana o centroamericana ¿cómo cree usted que se han transformado hasta ahora las grandes preguntas sobre el ser y el mundo, y cómo lo han hecho también sus respuestas?
Es que durante la antigüedad, la dimensión del ser, en muchos aspectos, venía determinada por su participación en la vida política y en la vida pública. El ser era, en alguna forma, lo que el ciudadano era, es decir, la expresión visible y externa del ser; en otras palabras lo que la ciudad le decía que fuese. De alguna forma la República de Platón es una consagración de esta idea, es decir: somos en tanto que nos revelamos como sujetos pertenecientes a una articulación y a un engranaje llamado Polis, en donde se identifican, tanto el individuo como ser, la sociedad como su contexto, y la estructura del Estado y las instituciones públicas como aparato de gobierno, en una inextricable unidad. Ese es un concepto clásico griego, aunque esto no excluye otros conceptos metafísicos en los que también habría que detenerse…
Pero ubicándonos en la modernidad, situándola de alguna manera (aunque sería difícil hacer una síntesis total, sí podríamos destacar los elementos que más resaltan), vemos que inicia filosóficamente con Descartes, con aquella famosa expresión: “pienso, luego soy”, que fue traducida al castellano como “pienso, luego existo”. En realidad con esta frase lo que Descartes está diciendo es que el ser depende del pensamiento, que la razón es la condición del ser, aun y cuando en el debate va a surgir también la idea que complementa, desde una visión opuesta, esa afirmación: que el pensar sólo es posible con el existir, y desde ese sentido también la razón y el pensamiento dependen de la existencia.
Pero centrémonos en lo que Descartes quiere decir y cuál es la tremenda revolución moderna que implica su planteamiento, es decir, que el ser es la razón. Para los griegos el ser era esa integración triple entre individuo, sociedad y aparato político público del Estado; para Descartes la razón es la esencia del ser. Para los griegos la razón era un instrumento para conocer, era fundamentalmente un asunto gnoseológico; en Descartes es un asunto ontológico, y eso plantea un avance o una transformación cualitativa con respecto a los griegos, en tanto que Descartes está haciendo depender, no únicamente del conocimiento del mundo exterior o de mi propio mundo, el uso de mi razón, sino mi propio ser, de la condición, que es la razón. “Pienso luego existo” quiere decir “pienso, por lo tanto soy”. El ser depende, pues, del pensamiento.
Luego, otra ruptura tremenda, ya en la modernidad mucho más próxima, después de la Segunda Guerra Mundial, es la idea existencialista, sobre todo el existencialismo ateo de Sartre, de Albert Camus… Más allá del existencialismo cristiano de Kierkegaard, de Gabriel Marcel y Jacques Maritain, el planteamiento del existencialismo sartreano es: “la existencia es anterior al ser; el ser es una consecuencia del existir”, y en este sentido influye también otra serie de corrientes vitalistas, racio-vitalistas, como la de Ortega y Gasset en España, que dice: “el hombre es un proyecto inacabado; el ser, que es la consecuencia del hacer, es la suma de sus acciones y omisiones”.
Entonces vemos ahí tres grandes momentos: la antigüedad griega con esta trilogía de individuo-sociedad-aparato político; la esencia del ser en la razón, de Descartes, y el ser como un proceso, no algo que existe de previo sino algo que se construye día a día con lo que se hace y con lo que se deja de hacer. El ser, para el existencialismo es el hacer… Tenemos ahí, pues, tres grandes referentes, aunque este es un tema que da para mucho más…
-Circunscribiéndonos a Latinoamérica ¿cree usted que aquí estamos viviendo en una especie de espacio-tiempo anacrónico, es decir, sumergidos en la pre-modernidad en medio de un mundo globalizado que, más que moderno, es ya postmoderno o transmoderno como suele usted llamarlo?
Exactamente. Yo creo que parte de la situación de América Latina (y esta ha sido una de las motivaciones de mi escritura en este campo filosófico) tiene mucho que ver con algo que ya se ha dicho y es bueno retomar aquí: y es que “América Latina no tuvo siglo dieciocho”, es decir no tuvo la revolución racionalista de Descartes, de Spinoza, de Kant y de todo lo que fue el gran racionalismo europeo a partir de la figura de René o Renato Descartes; no hubo un siglo dieciocho justamente porque fuimos herederos de dos vertientes fundamentales: una sociedad colonial dependiente de una España que en su momento quedó fuera también, en alguna medida, de los alcances de la revolución racionalista cartesiana, y de una concepción piramidal de la sociedades y las teocracias aborígenes anteriores a la Colonia.
Entonces, los efectos de estas transformaciones que además influyen o se complementan con el pensamiento inglés y alemán, prácticamente no llegaron a América Latina. En esto no se trata de establecer ninguna comparación de calidad o de jerarquía, simplemente se trata de que los condicionamientos históricos, filosóficos y existenciales son diferentes. América Latina no tiene esa revolución profunda de la razón que se da en Europa a fines del siglo diecisiete y en el siglo dieciocho, y más bien se instala fundamentalmente sobre aspectos que tienen más que ver con la intuición, con la sensibilidad, con el instinto, con la imagen. Quizás eso podría explicar un poco nuestra realidad actual…
-No nos llegaron los efectos de la reforma, sino que, como decía Octavio Paz, más bien somos hijos de la contrarreforma…
Exactamente, pero, visto en otro aspecto la reforma cambia a Europa, menos a España, y España es el centro de la contrarreforma; luego la contrarreforma es proyectada por España más allá de sus muros en las sociedades coloniales… Pero yo planteaba esto originalmente desde un enfoque más filosófico: no nos llegó la revolución racionalista cartesiana, y, en este sentido, nos estructuramos sobre la base de intuiciones, sensibilidad, imágenes, desarrollando un arte extraordinario en todos los campos, pero marcando un vacío filosófico de pensamiento y de preponderancia de la razón, y esto debe también contemplarse en el campo histórico-político…
-¿Cómo afectan esos contrastes, contradicciones o anacronías nuestro funcionamiento político?
Yo formularía nuestro funcionamiento político en dos o tres hipótesis de trabajo filosófico. Uno: las instituciones del derecho público europeo que surgen a raíz de las revoluciones, sobre todo la inglesa en la segunda mitad del siglo diecisiete, y la francesa de 1789, son una expresión, en el campo de la política y del derecho, de la revolución filosófica del racionalismo cartesiano, de Hume, de Kant y de todos los filósofos que hemos mencionado.
Esto significa que, de alguna forma, el derecho es la última etapa de un proceso de transformación filosófica, social e histórica de la sociedad europea, al extremo que se viene a conceptualizar una nueva teoría del poder, limitado al derecho. El poder es lo que el derecho dice que es el poder, el derecho es un sistema de límites al poder, la institución es la causa y el cauce del poder.
Entonces, lo que ocurre aquí es que la clase ilustrada que consigue la independencia de España no asume de manera plena el poder, sino que lo asume la oligarquía terrateniente, los criollos, que tienen el interés fundamental de obtener los beneficios que tenían los peninsulares como entidad colonial que dominaba a estas sociedades… Entonces se produce un fenómeno que yo me atrevo a plantear en esta otra hipótesis: el nacimiento político de las repúblicas latinoamericanas y de nuestros Estados Naciones, se produjo sobre la base de un engaño. Quien toma el poder al momento de la independencia no asume el reto de combatir las ideas que se oponen a esta forma de estructuración social, y las adopta.
En un momento dado la clase dominante, libero-conservadora, pero principalmente conservadora (los criollos terratenientes), adopta el constitucionalismo francés (de la constitución de 1791), también parte del inglés y del norteamericano, y establece el principio de la separación de poderes, el principio de la subordinación del poder a la Ley, el principio de la jerarquía de la norma jurídica, el principio de la institución como depositaria y originaria del poder; el principio de que el poder no está encargado sino que es lo que la voluntad general quiere que sea… En fin, asumen todos estos principios que marcan la expresión de la modernidad europea, la expresión en el derecho y en la política de la revolución cartesiana, y los montan sobre una sociedad a la que en ningún momento pretenden cambiar…
-Mantener el estado de cosas…
Sí, el estado de cosas… Por eso producen deliberadamente una sociedad esquizoide, como la llama Carlos Fuentes, dividida entre el mundo formal del derecho y el mundo real de la política y la economía. La intención es adoptar una declaración constitucional moderna, en contraste con la emergencia de la figura del caudillo, que encarna el poder, y de una cultura crepuscular sobre las instituciones en donde, no sólo el caudillo, y no sólo el poder, sino la sociedad en general, la base de esta pirámide, se acostumbra a ver la Ley simplemente como un instrumento retórico, así como el poder la ve como un instrumento en sus manos para legitimar sus acciones de facto…
-¿Cree que Latinoamérica se ha encaminado muy tarde en el derrotero de la democracia, o es que, como usted mismo apunta, los conceptos básicos de la democracia están de hecho fracturados?
Algo de las dos cosas… Pero yo no creo que América Latina haya enrumbado muy tarde en la democracia, es decir, la historia llega en el momento que llega. Para mí el punto medular para que podamos superar la proyección del caudillo, del hombre que está por encima de la ley o que habla en nombre de la ley, el que violenta la institucionalidad, es hacer conciencia, promover la educación en estos temas en la sociedad; porque los caudillos existen no sólo porque hay gente con ambiciones irrefrenables de poder, sino porque hay una sociedad que los produce; son una forma de expresión, son su propia producción…
Hay caudillismo no porque hay caudillos, sino que hay caudillos porque hay una sociedad que los produce y que, inclusive, en determinado momento los pide. Mi enfoque sobre este punto que me planteas es que el esfuerzo no sólo debe estar en circundar de límites legales al caudillo, sino también en transformar la sociedad a un grado tal en que el caudillismo ya no sea la expresión necesaria de su propia producción histórica-política…
-En el primer volumen de sus Obras, además de los escritos filosóficos y políticos, usted incluye escritos sobre Arte y Literatura. En este segundo volumen, además de continuar con los temas filosóficos y políticos en el marco del debate contemporáneo, ha incluido el tema de la Ética y teoría de los valores… Si, como usted dice, el arte nos da lo que la realidad nos niega, ¿podríamos considerar el arte como un refugio ético o como una búsqueda más libre del conocimiento del ser?
Yo creo que es un poco de todo. Creo que el arte es una búsqueda del ser, creo que el arte no es una evasión de la realidad sino la construcción de una realidad alternativa; creo que el ser humano no es sólo una máquina de pensar, tampoco es un ente nada más instintivo, intuitivo… Uno de los aspectos de esta esquizofrenia de dividir las cosas: o todo razón o todo pasión; o todo es lógica o todo es instinto, nos ha llevado a este profundo desgarramiento del ser humano en el mundo. A mí me parece que el arte es la expresión de un aspecto de la vida humana, de una búsqueda de la identidad propia del ser humano, de la construcción de un mundo que trasciende la propia realidad…
El ser humano, ese animal metafísico, como lo llamaba, creo que Ortega y Gasset, es mitad zoología y mitad metafísica, es decir, un ser finito con ansias de infinito, un ser material pero con condiciones de espiritualidad; busca en el arte la complementación de lo que la vida material o lo que su propia circunstancia no le puede dar, o que definitivamente le niega.
El arte me parece como una expresión profunda de la identidad del ser y de la búsqueda de ese ser que no siempre está dado así, de una vez por todas, sino que se está dando constantemente, para usar la frase de Heidegger, que decía “el ser no es, acontece”. Y eso puede surgir de diferentes formas, en la búsqueda del pensamiento racional, en la acción y en la construcción también de un mundo de sensibilidad y de arte…
-¿Pero como refugio ético…?
Yo creo que el ser humano es constitutivamente ético, actúa dentro de un marco ético, sea que acepte determinados valores o que los rechace, sea que los cumpla o que los transgreda, pero no existe fuera del Ethos, porque ética viene de Ethos significa el conjunto de valores y principios que en un momento dado rigen una sociedad determinada. Entonces, si asumimos que el ser humano es un ser social, el animal político del que habló Aristóteles hace dos mil quinientos años, entonces estamos asumiendo que es un ser ético, porque justamente la socialidad del individuo se reafirma en su contexto, inclusive, la individualidad del sujeto se afirma en su socialidad.
Un ejemplo de la literatura que ilustra bien esto es la novela Robinson Crusoe, de Daniel Defoe, en donde Robinson naufragado en una isla desierta se encuentra rodeado y empieza a interactuar con las entidades de la naturaleza, el mundo biológico, hasta que aparece un salvaje llamado Viernes al cual se propone enseñarle lo que todavía recuerda, y al educarlo se reeduca a sí mismo; es decir, la relación social permite que se constituya la identidad del ser y del sujeto.
-Lo que dice es que una sociedad formada en los valores del derecho y la democracia, por ejemplo, es menos proclive a las deformaciones a que desgraciadamente nosotros estamos acostumbrados…
Así es… Toda sociedad, para ser sociedad, tiene que ser ética, debe creer en algunos valores y defender esos valores. Pero por muy buenos que sean los valores que sustenten a esta sociedad, vemos como hay etapas de colapso moral, de derrumbe, no sólo de los aparatos políticos, sino derrumbes también de la condición moral y del rumbo del ser humano individual. Por tanto, la ética es fundamentalmente política, si entendemos la política como Polis, como la integración de lo individual, lo social y lo público. Toda sociedad necesita estar fundada sobre determinados valores éticos, toda sociedad necesita compartir algunos objetivos comunes para poder subsistir, porque la sociedad está compuesta de dos elementos: uno cuantitativo que es el grupo, y uno cualitativo que son los valores que ese grupo comparte…
-En este segundo volumen de sus Obras usted incluye sus escritos sobre la universidad ¿Cuál es su idea de una filosofía de la universidad latinoamericana?
A mí me parece que la universidad en América Latina ha tenido un peso específico fundamental en la historia de nuestros países. Yo me referiría básicamente a la Reforma de Córdoba, a través de la cual la universidad latinoamericana supera o trata de cambiar los patrones y los referentes de la universidad francesa, que es una universidad estrictamente de formación de profesionales, porque de alguna manera a encargado a los institutos de investigación, valga la redundancia, la investigación científica y el desarrollo de las ciencias y las artes.
Entonces, en América Latina, al producirse la Reforma de Córdoba se establece la idea de la universidad como conciencia crítica de la sociedad; se recupera en la misma universidad un concepto de co-participación, superando un concepto piramidal, de jerarquías, y se establece la participación de los estudiantes en el gobierno universitario, es decir, la participación de las asociaciones estudiantiles en los consejos facultativos y en los consejos universitarios, y se establece algo que quizás ha sido el eje más importante de todo esto, que es la autonomía universitaria, es decir, reconocerle a la universidad, al mismo tiempo que su participación en la dinámica de la sociedad y del Estado, su autonomía con respecto a las orientaciones en cuanto al tipo de educación el Estado puede dar; autonomía en lo docente, así como en lo financiero, al extremo de dotar a la universidad de una potestad para administrarse a sí misma en todos los órdenes: científicos, humanísticos, docentes, administrativos, etcétera. Creo que estos elementos han marcado la filosofía de la universidad latinoamericana desde 1927 hasta la fecha…
-¿Qué puede decirme acerca del orden con que está estructurado el contenido de estas Obras suyas que está editando Hispamer? Observo que no es precisamente un orden cronológico ni esquemático, sino que parece estar organizado alrededor de núcleos temáticos, o etapas, más que por fechas o cronologías...
Así es. En primer lugar la idea de organizar y publicar mis obras surge de varias personas que desde hace algún tiempo me han sugerido su recopilación, la organización de mi pensamiento, entre esas personas está mi esposa Giovanna que siempre ha estado interesada en darle una sistematicidad a mi obra, y también el Dr. Andrés Pérez Baltodano, que ha dedicado mucho tiempo al estudio de mi obra y que ha publicado un libro dedicado a ella, titulado El derecho a la esperanza (1999), y que en distintas ocasiones me habló de la conveniencia de hacerlo.
Luego, obviamente, esto se ha trabajado con un editor, Pablo Kraudy, quien se ha encargado de la lectura de todas las obras, para luego proponer su estructuración, su organización, su sistematización; y la editorial Hispamer que se encarga de su impresión y publicación, con el auspicio, en estos dos primeros volúmenes, del Consejo Nacional de Universidades. A todos ellos debo reconocer la participación y el apoyo en este esfuerzo…
En cuanto a lo que me planteabas del orden, en efecto, no ha sido un orden cronológico o bibliográfico, es decir, plantearse una reunión de textos de tal año a tal año, sino que el trabajo ha sido darle al conjunto de obras una coherencia temática, organizarlo por temas que están de alguna forma ubicados bajo determinados ejes conceptuales…
Esa idea implica el trabajo, por parte del editor, de leer los distintos libros que he publicado hasta el día de hoy, organizar los artículos publicados, las conferencias y prólogos, y luego él propone una estructuración determinada que generalmente tiene una coherencia inicial, pero también se trata de rastrear los temas de manera transversal, a lo largo de toda la obra que yo he escrito, y de esa forma se van organizando los diferentes temas o ejes temáticos, lo cual le da en general a la obra una coherencia…
-¿Cómo valora en términos generales este esfuerzo editorial?
En general este es un esfuerzo muy arduo y muy serio. Ahora estamos preparando el tercer volumen, que trata sobre el pensamiento y la filosofía en América Latina y Nicaragua; el cuarto volumen tentativamente está concebido para abarcar exclusivamente los temas del Derecho… Desde un punto de vista un poco más filosófico, más personal, la idea de este proyecto es contribuir a que se abra un camino y un espacio de manera más sistemática, más organizada, más coherente al aporte a la filosofía y al pensamiento desde el trabajo intelectual; es un intento de darle un peso específico a la filosofía, a la razón, al pensamiento, es decir, abrirles un camino y una posibilidad…
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